A pesar de ser una función imprescindible del organismo, la respiración se realiza habitualmente de manera involuntaria. La gran mayoría de las personas desconoce que sólo con tornarla consciente, aprovechar mejor la capacidad pulmonar y administrar el ritmo, es posible producir grandes cambios en los planos físico, emocional y mental.
Esto no es un nuevo descubrimiento. Existen técnicas de más de 5.000 años que utilizan la respiración como medio para aumentar el caudal de energía en el organismo y para desencadenar diversos estados de conciencia.

…Controlando los ritmos respiratorios,
dominamos nuestras emociones y acciones.
Alterando los niveles de profundidad de la respiración,
conquistamos nuevos estados de conciencia…

DeRose

El truco para generar esos cambios es simple, basta observar la respiración en diferentes situaciones y luego reproducir, conciente y voluntariamente, la forma de respirar propia de aquellos estados que nos son más favorables para generar estabilidad y desarrollarnos.

Observemos nuestro cuerpo. El ritmo respiratorio, cardíaco y la actividad orgánica están sincronizados; al disminuir el primero, disminuyen también los otros dos. Si prestamos atención a nuestra musculatura, también podemos notar como la tonicidad varía según estemos inspirando, exhalando o reteniendo el aire. O como cuando estamos cansados, espontaneamente realizamos una inspiración más profunda y retenemos el aire unos instantes para oxigenarnos mejor y vitalizarnos.

Empezá a prestar atención, que pasa con tu respiración cuando sentís placer o bienestar? Y cuando tenés miedo o ansiedad, notaste como la respiración se agita y se hace superficial? O como se vuelve irregular cuando la mente está inquieta? Por el contrario, si estamos emocionalmente estables y nuestras ideas están claras y ordenadas, la respiración fluye en forma regular y lenta.

Para poner en práctica!

Sentáte sobre los talones con la espalda derecha y prestá atención para que tu respiración tenga las siguientes características:
Consciente: observá tu respiración; así podrás mejorar y desarrollar todas las demás características.
Nasal: respirá siempre por la nariz. Profunda: observá que la respiración sea profunda, tanto al inspirar como al exhalar.
Completa: utilizá la totalidad de la capacidad pulmonar, combinando respiración abdominal, intercostal y clavicular. Colocá una mano sobre el abdomen (en la región del ombligo) y la otra sobre las clavículas y observá si al inspirar estás llenando las partes baja, media y alta de los pulmones, dilatando para ello el abdomen, la zona intercostal y la parte alta del pecho, y al exhalar vaciándolas en sentido inverso.
Silenciosa: respirá sin emitir ningún sonido. Para conseguirlo, es importante que no hagas fuerza para absorber o expulsar el aire a través de las fosas nasales.

Si entrenás con regularidad en un inicio vas a notar un cambio en el organismo: habrá más energía, vitalidad y mejor disposición para cualquier cosa que tengas que realizar. Y luego, con el tiempo de práctica las técnicas de respiración son capaces de desencadenar modificaciones profundas que trascienden el bienestar de un momento en particular, mejorando la calidad de vida, proporcionando mayor estabilidad y transformándose en una herramienta más para el autoconocimiento.